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Análisis de ruta

El internet de Cuba: un cable, una empresa, cero redundancia

Cuba tiene un solo cable submarino. Uno. Para una isla de 11 millones de habitantes, cada byte del tráfico de internet internacional pasa por una única conexión de fibra óptica — el cable ALBA-1 que une La Habana con Venezuela. Nuestra traceroute desde Georgia a Cuba revela no solo esta extraordinaria vulnerabilidad, sino algo genuinamente desconcertante: el tráfico llega a Cuba pasando por São Paulo, Brasil. El paquete viaja al suroeste cruzando el Atlántico antes de girar al norte a través del Caribe — un rodeo de miles de kilómetros adicionales. Para entender por qué ocurre esto, hay que adentrarse en la historia política y técnica de la conectividad cubana a internet, uno de los relatos más insólitos del mundo de las telecomunicaciones.

Salto Ubicación Red RTT
1–6 Tbilisi, GE JSC Global Erty (AS34666) 26ms
7 Sofía, BG Level 3 (AS3356) 25ms
8 São Paulo, BR Level 3 (AS3549) 236ms
9 São Paulo, BR Level 3 (AS3356) 261ms
10 Brasília, BR BR.Digital Telecom (AS61889) 275ms

El paquete de Tbilisi llega a São Paulo en 236ms — cruzando el Atlántico hacia Brasil en lugar de ir directamente al Caribe. Desde São Paulo pasa por Brasília antes de llegar finalmente a Cuba. ¿Por qué por Brasil? La respuesta está en la arquitectura del propio ALBA-1 y en la geopolítica que lo hizo posible.

ALBA-1: historia y características técnicas

El cable ALBA-1 es un sistema submarino de fibra óptica de 1.630 km que conecta Santiago de Cuba con La Guaira, Venezuela. Entró en servicio en enero de 2013, poniendo fin a la dependencia total de Cuba de la conectividad satelital — aunque sustituyéndola por la dependencia de un único cable. El proyecto fue concebido tan pronto como en 2006–2007, pero una serie de contratiempos técnicos, complicaciones financieras y retrasos políticos postergaron su lanzamiento casi seis años.

La construcción fue financiada principalmente a través de PDVSA, la empresa petrolera estatal venezolana, en el marco del intercambio bilateral de petróleo por servicios que caracterizó las relaciones entre la Venezuela de Hugo Chávez y la Cuba de Fidel Castro. El coste total del proyecto se estima en unos 70 millones de dólares. El tendido del cable fue realizado por la empresa china Huawei Marine Networks (hoy HMN Technologies) — una elección con carga política, que señalaba el giro de Cuba hacia socios tecnológicos no occidentales ante el embargo estadounidense.

Desde el punto de vista técnico, ALBA-1 es un sistema relativamente modesto. Su capacidad de diseño es de aproximadamente 640 Gbps — un orden de magnitud por debajo de los cables transoceánicos modernos, que transportan habitualmente decenas de terabits por segundo. El cable discurre a profundidades de hasta 7.000 metros en algunos tramos del mar Caribe. Las estaciones de aterrizaje se encuentran en Santiago de Cuba y en La Guaira, a las afueras de Caracas — La Habana no tiene punto de aterrizaje directo, y el tráfico se distribuye por la isla a través de la infraestructura terrestre desde Santiago. Antes de ALBA-1, Cuba era el último país del hemisferio occidental sin cable submarino de banda ancha, dependiendo íntegramente de satélites geoestacionarios con más de 600ms de latencia, lo que hacía inviables el vídeo en tiempo real, el VoIP y la mayoría de aplicaciones modernas.

Contexto político: ¿por qué Venezuela?

La elección de Venezuela como punto de aterrizaje de ALBA-1 no fue una decisión técnica, sino política. Es consecuencia directa de la relación especial entre La Habana y Caracas que se desarrolló en la década de 2000 bajo Hugo Chávez y Fidel Castro. Venezuela suministraba a Cuba petróleo a precios preferenciales — unas 100.000 barriles al día — mientras Cuba aportaba médicos, asesores militares y especialistas en inteligencia. ALBA-1 fue parte orgánica de ese intercambio más amplio.

El nombre del cable — acrónimo de Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América — explicita sin ambages su naturaleza política. No es un proyecto comercial de telecomunicaciones financiado por operadores y gestionado por un consorcio internacional, como ocurre con la mayoría de los cables submarinos del mundo. Es una infraestructura política al servicio de una alianza ideológica entre dos estados.

Las consecuencias de esa elección se siguen sintiendo hoy. Tras la muerte de Chávez en 2013 y el inicio de la profunda crisis política y económica venezolana, la fiabilidad de la infraestructura del país se deterioró notablemente. Los cortes de electricidad, la inestabilidad de la red y la degradación del equipamiento en Venezuela afectan directamente a la calidad de la conexión a internet de Cuba. Cuando se va la luz en Caracas, Cuba corre el riesgo de perder su conexión con el mundo.

Por qué el tráfico va por Brasil

ALBA-1 aterriza en Venezuela. Venezuela se conecta a internet global principalmente a través de operadores sudamericanos y los sistemas de cables SAC (South America-1) y AMERICAS-II. Ambos cables tienen puntos de aterrizaje en Brasil — principalmente en Fortaleza y Río de Janeiro. Los operadores brasileños, sobre todo Level 3 (hoy Lumen Technologies), proveen tránsito para el tráfico venezolano a través de São Paulo, el mayor hub de telecomunicaciones de América del Sur.

El resultado es un recorrido que sobre un mapa resulta casi paradójico: un paquete de Europa a Cuba viaja primero al suroeste cruzando el Atlántico hasta Brasil, para luego regresar al norte hacia el Caribe. Esto añade cientos de milisegundos de latencia innecesaria en comparación con lo que podría ser el enrutamiento si Cuba tuviera conexión directa a alguno de los numerosos cables que pasan cerca de sus costas — sistemas como Columbus III, Maya-1 o Southern Cross.

Geográficamente, Cuba está en el corazón del Caribe, por donde discurren decenas de cables submarinos que conectan América del Norte con América Latina y Europa. La isla está literalmente rodeada de infraestructura de fibra óptica — a la que no está conectada. Eso no es un problema técnico. Es un problema político.

La Ley Helms-Burton: cómo el embargo aisló a Cuba de los cables

La Ley Helms-Burton de 1996 (formalmente, Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act) amplió considerablemente el alcance del embargo comercial de EE.UU. contra Cuba vigente desde 1962. Entre otras cosas, impide en la práctica que las empresas estadounidenses participen en proyectos relacionados con la infraestructura de telecomunicaciones cubana — incluida la construcción y operación de cables submarinos con puntos de aterrizaje en Cuba.

Dado que empresas estadounidenses — AT&T, Verizon, Lumen/Level 3, Google, Meta y otras — participan en los consorcios que construyen la mayoría de los cables transatlánticos y transcaribenos, su participación excluye automáticamente a Cuba como posible punto de aterrizaje. Por eso cables como Columbus III, que pasa a pocas decenas de kilómetros al norte de Cuba, bordean la isla sin conectarse a ella.

Durante el deshielo diplomático de 2015–2016 bajo la administración Obama se mantuvieron conversaciones serias sobre la posibilidad de tender un cable entre Estados Unidos y Cuba. Google llegó incluso a obtener una licencia del Departamento de Comercio de EE.UU. para construir un cable submarino hacia Cuba. Sin embargo, con el retorno a la política de presión máxima bajo la administración Trump, esos planes quedaron en suspenso. Cuba sigue siendo el único gran estado del Caribe sin conexión directa por cable con América del Norte.

ETECSA: monopolio, control y censura

ETECSA (Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A.) es el único operador de telecomunicaciones de la isla. La empresa es 100% estatal y ostenta el monopolio de la telefonía fija y móvil, el acceso a internet y las comunicaciones internacionales. Cada conexión a internet en la isla — residencial, corporativa, gubernamental — pasa por la infraestructura de ETECSA y por ALBA-1.

Esto significa un control total del Estado sobre el tráfico de internet. ETECSA puede en cualquier momento reducir las velocidades, bloquear sitios web o servicios concretos, o cortar el acceso internacional para toda la isla — sin orden judicial, sin previo aviso, sin posibilidad de recurso. El internet cubano está filtrado: varios medios extranjeros, páginas de derechos humanos y plataformas son inaccesibles sin VPN. Las autoridades realizan periódicamente campañas contra los servicios de VPN, bloqueando los más populares.

Según NetBlocks y OONI (Open Observatory of Network Interference), Cuba figura sistemáticamente entre los países con mayor control de internet del hemisferio occidental. La arquitectura de la red es tal que ningún byte de tráfico internacional puede eludir la infraestructura del operador estatal, lo que confiere a las autoridades una visibilidad y un control totales sobre todas las comunicaciones.

Vivir con un internet roto

Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, la proporción de usuarios de internet en Cuba se mantuvo durante mucho tiempo por debajo del 40%, mientras que la mayoría de los países latinoamericanos registran entre el 70 y el 80%. Las velocidades de conexión medias en Cuba están entre las más bajas de la región. El internet móvil no llegó hasta diciembre de 2018 — más de una década después de que los teléfonos inteligentes se convirtieran en la norma en la mayor parte del mundo.

Antes de esa fecha, el acceso a internet solo era posible a través de los puntos WiFi estatales (hotspots de ETECSA) situados en plazas y parques, donde los cubanos hacían cola para chatear con familiares en el exterior por WhatsApp o hacer llamadas por Skype. Esa imagen — personas congregadas al aire libre, teléfono en mano, buscando señal — se convirtió en uno de los símbolos del aislamiento digital cubano de la pasada década.

Hoy el internet móvil está disponible a través de las redes 3G y 4G de ETECSA. Pero los precios siguen siendo elevados para los estándares cubanos: 1 GB de datos móviles cuesta aproximadamente 1–2 CUC, lo que — con un salario medio en el sector estatal de unos 30–50 dólares al mes — representa una parte significativa de los ingresos. Muchos cubanos usan internet con cuentagotas: para llamadas de voz y mensajes, pero no para streaming de vídeo ni redes sociales.

El Paquete Semanal: el internet en un USB

En respuesta a la crónica escasez de acceso a internet, los cubanos crearon algo sin parangón en el mundo — un sistema de distribución de contenidos digitales único en su género. El Paquete Semanal es un archivo de aproximadamente 1 TB que se compila cada semana por editores anónimos y se distribuye por toda la isla a través de una red de mensajeros y revendedores en discos duros y memorias USB. El archivo contiene series, películas, música, aplicaciones móviles, noticias, revistas e incluso publicidad — todo ello completamente al margen de internet.

Diversas estimaciones sitúan el alcance de El Paquete Semanal entre 3 y 5 millones de cubanos cada semana — casi la mitad de la población del país. El coste del paquete es de aproximadamente 1–2 CUC semanales. El sistema opera en una zona gris legal: técnicamente infringe derechos de autor, pero durante años el Estado hizo la vista gorda, ya que funcionaba como válvula de escape, aliviando la tensión social generada por la ausencia de un acceso normal a internet.

El Paquete Semanal no es simplemente piratería. Es un fenómeno social que refleja el ingenio y la capacidad de adaptación de la sociedad cubana ante el aislamiento informativo crónico. Investigadores de varios países lo han estudiado como ejemplo único de distribución descentralizada de información bajo control estatal de las comunicaciones — un ecosistema mediático paralelo de facto para la mitad del país.

El 11J: cuando el Estado apaga la luz

El 11 de julio de 2021 Cuba estalló en protestas masivas — las mayores que había vivido la isla en décadas. Miles de personas salieron a las calles en todo el país, expresando su hartazgo por la escasez de alimentos, medicamentos, electricidad y bienes básicos. Los vídeos de las protestas comenzaron a circular en las redes sociales en tiempo real.

La respuesta del gobierno fue rápida: ya el propio 11 de julio, ETECSA empezó a restringir el acceso a las plataformas de redes sociales — Facebook, Instagram, WhatsApp, Telegram. El 12 de julio se cortó el internet móvil en casi todo el territorio nacional. El restablecimiento total del acceso tardó varios días. Según NetBlocks, fue uno de los cortes de internet más masivos y documentados de la historia de América Latina.

El incidente del 11J dejó una cosa meridianamente clara: un solo cable más un operador estatal en monopolio no es únicamente una vulnerabilidad técnica. Es un instrumento de control político. Para cortar el internet de Cuba no hace falta cortar físicamente el cable. Basta una sola orden a ETECSA.

La intranet nacional de Cuba

En paralelo al limitado acceso al internet global, Cuba dispone de una desarrollada intranet nacional — la Red Cubana. Se trata de una infraestructura cerrada, accesible para todos los usuarios de ETECSA pero no conectada directamente a la web mundial. En ella se alojan medios estatales cubanos, recursos educativos, el buscador nacional Cubana.cu y una serie de plataformas de uso interno.

La Red Cubana es la versión cubana de un internet soberano: los usuarios pueden intercambiar archivos, leer noticias y acceder a servicios gubernamentales dentro de la red nacional sin consumir tráfico internacional (que resulta considerablemente más caro). Algunos segmentos de esta red siguen funcionando incluso durante un corte total de ALBA-1 — lo que los hace relativamente resistentes a perturbaciones externas, aunque a costa de quedar aislados del entorno informativo mundial.

Velocidades, precios y acceso

Según el Speedtest Global Index, las velocidades medias de descarga móvil en Cuba han oscilado históricamente entre 5 y 10 Mbps — entre cinco y diez veces menos que en Jamaica o México. El internet fijo de banda ancha es accesible solo para una pequeña fracción de la población y también se caracteriza por velocidades bajas y precios elevados.

Uno de los factores determinantes es la latencia. El enrutamiento a través de Venezuela y Brasil añade entre 200 y 300 ms de retardo sobre la base. En comparación: el ping desde La Habana hasta Miami por un cable directo — que no existe — sería inferior a 20ms. El ping real desde La Habana hasta servidores en EE.UU., enrutado a través de São Paulo, se sitúa entre 250 y 300ms. Eso hace prácticamente inviables los juegos online normales, las videoconferencias de baja latencia y otras aplicaciones sensibles al retardo.

¿Tiene Cuba posibilidades de conseguir un segundo cable?

La cuestión de un segundo cable submarino para Cuba sale a la palestra periódicamente, tanto en publicaciones técnicas cubanas como internacionales. Técnicamente, conectar la isla a los sistemas de cables existentes no sería difícil: Cuba está a pocas decenas de kilómetros de varias rutas activas. Económicamente, el proyecto estaría justificado: un mercado de 11 millones de personas con una demanda insatisfecha de conectividad es un objetivo atractivo para cualquier inversor.

El principal obstáculo sigue siendo político. El embargo estadounidense excluye a los mayores operadores mundiales de cables como posibles participantes. Las empresas europeas y asiáticas podrían teóricamente construir un cable hacia Cuba sin violar la legislación estadounidense — pero el riesgo de sanciones secundarias y la complejidad de trabajar con la parte cubana reducen considerablemente el interés de los inversores.

En 2023–2024 trascendieron noticias de negociaciones entre Cuba y varias empresas europeas y asiáticas sobre la posible instalación de un nuevo cable. Sin embargo, ninguno de esos proyectos pasó a la fase de anuncio público o financiación. Cuba sigue colgando de un único hilo de fibra óptica y, a corto plazo, es poco probable que esa situación cambie.

Estado del monitoreo

  • RTT actual: 277ms   Ruta: Tbilisi → Sofía → São Paulo → Brasília → Cuba
  • Operador: Level 3 → BR.Digital Telecom
  • Vulnerabilidad clave: todo el internet internacional de Cuba depende de ALBA-1 aterrizando en Venezuela
Evgeny K.
Autor
Evgeny K.
Ingeniero de infraestructura · Fundador de GeoCables
Creó GeoCables para monitorear cables submarinos en tiempo real. Opera una red privada de 4 servidores de medición con sondas RIPE Atlas en Minsk, Almatý, Tiflis y Jerusalén.

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